jueves, 30 de marzo de 2017

Más pruebas, más problemas...

Las navidades pasadas, yo y mis dos hijas fuimos de visita a casa de mi madre. Estábamos todas en tratamiento por giardiasis con remedios naturales. Mi madre ya me había adelantado por teléfono que mi primo también había tenido problemas de parasitosis intestinal, que le habían dejado KO durante una buena temporada. Me había descrito un cuadro clínico bastante grave en el cual los parásitos habían dejado muy finas sus paredes intestinales, penetrando hasta en el torrente sanguíneo. A los pocos días Daniela, la mujer de mi primo, que es enfermera en un hospital público y muy partidaria de las terapias naturales, concretamente de la homeopatía, vino de visita con la niña (entonces de 5 años).  Volvió a contar la historia, añadiendo en paralelo su historia y la de la niña. 
De alguna manera condicionaron mi actitud y disposición hacia la historia el hecho de que Daniela fuera enfermera, así como las obvias conexiones con mi caso. En parte, la recibí como una revelación.  “Ah, ¡ahora entiendo!”. En parte como una reafirmación de mis decisiones, porque Daniela iba contando qué poco efectivos habían sido los antibióticos en el caso de mi primo. Había conseguido deshacerse de la giardia y de otros parásitos, solo a través de la dieta y de tratamientos naturales, tras una larga trayectoria de gripes e infecciones tratadas exclusivamente a base de antibióticos. También influyó mucho en mi percepción de la historia el sentido de control y éxito que emanaba de las palabras de Daniela. Tanto la parasitosis del marido como la de la hija se habían tratado con éxito a través de tratamientos naturales y homeopáticos.
En fin, con estas premisas, decidí realizar unas pruebas adicionales a los análisis de heces que nos habían hecho en la seguridad social en una clínica privada italiana. Pruebas que tanto Daniela, como mi primo, es decir su marido, y la hija habían realizado. Intenté primero localizar clínicas que ofrecieran análisis parecidos en España, pero las dos que encontré eran carísima. Las pruebas se realizaban en base a unas muestras de heces, recogidas, como mucho, 24-48 horas antes, y permitían localizar un amplio abanico de parásitos y hongos (según Daniela muchos más que los que se suelen buscar en las pruebas convencionales), y ofrecían además datos sobre la composición  bacteriológica de las heces.
De vuelta a España contacté con la clínica italiana que me suministró el kit para la recogida de las muestras y me informé sobre las modalidades de transporte urgente. La primera operadora de la compañía de transporte con la que hablé no sabía qué eran unas heces, y cuando se enteró me dijo rotundamente que no se podía. Desde la clínica no me habían dicho nada al respecto y me arriesgué a enviarlas de todas formas. Esperé a un día sin cole – creo que fue el 8 de febrero – recogí las muestras y las mandé. A los 15 días teníamos los resultados.

Ninguna de las tres teníamos giardia - en el caso de Marta, los análisis confirmaban otro que acababa de hacer en el cual los resultados, según la doctora, eran negativos (nuestra pediatra de la seguridad nunca nos imprime los resultados pero en esa ocasión nos había dicho que la giardia no estaba). Pero teníamos otras noticias. Las dos niñas tenían una bacteria, el Campylobacter, y Marta además tenía otra bacterias, Escherichia Coli, y niveles altísimos de un hongo, la Candida tropicalis. Pensaba haber solucionado el problema de la giardia, y ahora me veía con varios otros. Podía intentar, tras la experiencia negativa con el médico naturista, buscar a un doctor homeópata, pero pensé que primero hablaría de estos últimos análisis con la pediatra de cabecera. Estaba ahora una sustituta, una pediatra muy joven, muy disponible. Igual con ella solucionaría el problema.