jueves, 16 de junio de 2016

Giardia.... ¿qué?

Mis reflexiones sobre la búsqueda de información médica y terapias alternativas se han disparado recientemente a raíz de un problema de Marta, mi segunda hija. Cuando digo “disparado” quiero decir que de repente mi inquietud de siempre con respecto a la medicina tradicional y a cómo gestionar la salud de las niñas se ha materializado en una búsqueda intensa y activa.

A finales del noviembre pasado (2015) a Marta, en un análisis de heces, le encontraron un parásito, llamado Giardia Lamblia. Marta, que entonces tenía 2 años y cinco meses, había compartido con los amigos de clase un episodio de gastroenteritis el mes anterior y desde entonces sus caquitas no habían vuelto a la normalidad. Yo también tiendo a compartir estos problemas con ellas y la verdad es que no me acababa de recuperar tampoco. Pero, aparte de ser reacia a tomar medicamentos, siempre he medido mucho mis visitas al pediatra, y desde finales de octubre había dejado correr el tiempo esperando a que nos recuperáramos. Había cogido para ella y su hermana unos probióticos supuestamente fabulosos en el herbolario local, y a esperar.

Mientras, las dos maestras de la guardería y especialmente Fernanda, la responsable, preguntaban a menudo si habíamos ido al pediatra. No había ido. El verano anterior Marta había tenido una grastroenteritis parecida, que había tardado un par de semanas en irse. Según la pediatra que la había visto entonces, algunos niños pueden ir al baño 10 veces en un día, otros 10 veces en 5 días y que tuviera paciencia, porque la niña estaba bien hidratada y estaba comiendo bien. En esa ocasión, me había informado además en alguna página oficial americana (no recuerdo cuál exactamente, pero sí recuerdo que era una página oficial, creo www.kidshealth.org) sobre las recomendaciones de dieta para niños con gastroenteritis. Todo esto porque mi madre insistía e insistía en que la niña no tenía que comer fruta. Por mucho que confiara en el instinto de Marta, que sí pedía fruta y se la comía con ganas, me había visto en la necesidad de justificar ante mi madre la dieta que proponía a la niña. Pues en kidshealth.org, se recomendaba seguir con la dieta normal con el añadido de que, de esta manera, la recuperación sería con toda probabilidad más rápida. Así había hecho siempre conmigo misma, y así sería con mis hijas – teniendo además el respaldo de unas autoridades médicas.

Con esta experiencia previa, estaba llevando este nuevo episodio de supuesta gastroenteritis. La presión de las maestras me molestaba. He vuelto a leer las conversaciones por whatsapp con Fernanda, me sigo sintiendo incómoda. Al final, antes de ir al médico le escribí lo siguiente: “Marta come bien y está bien, llevarla o no al pediatra, que sí hemos ido, es decisión mía”. Sí, creo que la presión que recibí por parte de las dos maestras hizo que retrasara aún más mi visita al pediatra – y también que les mintiera con respecto a mi visita al pediatra. No me gustó esta interferencia en mi forma de gestionar la salud mía y de mi familia. Soy consciente de que de la salud de Marta dependía la de los demás niños, pero entonces Fernanda quería saber cómo actuar en el desayuno, si darle fruta o no… lo mismo que mi madre…

A mediados de noviembre finalmente fuimos a la pediatra. Marta tenía buen aspecto, no obstante, vista la persistencia de las cacas blandas, la pediatra le mandó un análisis de heces. A los diez días fue a recoger los resultados el padre con las niñas. Me llamaron por teléfono para decirme que Marta tenía un parásito, Giardia no sé qué… y que tendría que tomar antibiótico. No me lancé de inmediato a buscar información sobre ese parásito cuyo nombre no había entendido bien. En ese momento estaba centrada en mi “error”. Me sentía culpable por haber desatendido a mi hija, arrogante por no haber prestado bastante atención a los avisos de la guardería y, por qué no, por haber infravalorado el poder de diagnóstico de la medicina moderna, y vaga, por haber tardado tanto en coger una maldita cita con la pediatra.


La búsqueda de información no empezó entonces sino al día siguiente cuando viajando en el metro con la botella del antibiótico (Flagyl) en el bolso – lo compré enseguida, a pesar de que Marta hasta entonces no había tomado nunca antibióticos -, me llamó por teléfono la pediatra. Había olvidado preguntarnos un par de cosas para un informe que tenía que entregar a las autoridades sanitarias. Al fin y al cabo éste era un parásito raro en los países occidentales. ¿De dónde éramos? ¿Habíamos viajado a países tropicales recientemente?... Me asusté. Llegada al trabajo, no pude ponerme a preparar la clase. Lo primero que hice fue buscar información sobre la Giardia Lamblia, y mi actitud ante el problema fue cambiando.

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