Cuando le diagnosticaron giardiasis a Marta, mi hija de dos
años y medio, la primera reacción fue la de tratarla religiosamente según las
instrucciones de la pediatra de cabecera: 2,6 ml de Flagyl tres veces al día
durante una semana, luego una semana de pausa, para rematar con una semana más
de antibiótico. Mi disposición inmediata para aceptar ese tratamiento se debía
a que me sentía culpable por haber dejado pasar mucho tiempo desde que había empezado
la diarrea (1 mes aproximadamente). Lo que me hizo cambiar de rumbo fue una
llamada, para mí en cierto sentido alarmante, de la pediatra que necesitaba
unos datos para informar a las autoridades sanitarias sobre la presencia de un
parásito supuestamente poco común en los países desarrollados, la Giardia.
También es verdad que los dos ciclos de antibiótico me parecían excesivos,
sobre todo teniendo en cuenta que Marta no había tomado nunca antibióticos hasta
entonces. El punto es que decidí ponerme a buscar.
Ahora mismo me estoy acordando de que en realidad había
buscado antes de que la pediatra viera a Marta, para averiguar las posibles
razones del color amarillento de las caquitas de la niña. Una de las posibles
causas, efectivamente, era la presencia de este parásito, la Giardia. Es
curioso, la sensación de culpabilidad conmigo misma había obscurecido mis intentos
previos de vigilar por la salud de Marta. Había preferido buscar en internet antes
de coger una cita, otra curiosidad, que tiene, sin embargo, algún tipo de
respaldo estadístico, porque los que buscan información médica por internet
suelen hacerlo para auto-diagnosticarse (ver el informe del
Pew Research Center de EEUU). Sería interesante entender por qué muchos en
muchas circunstancias preferimos el auto-diagnóstico por internet a la visita
al médico…
Bueno, el punto es que, tras la llamada alarmada de la
pediatra, sentí la necesidad de volver a Google. Puse “giardiasis” en Google y
seleccioné los sitios web americanos – mi impresión es que tengan información
más actualizada. Leí muchas cosas que la pediatra no me había explicado. Sobre
factores de riesgo, encontré que el propio hecho de estar en guardería aumenta
las posibilidades de contagio. Que con toda probabilidad los familiares
estaríamos contagiados. Y muchas más cosas. En un momento leí algo como que el
parásito se puede ir solo. Durante un par de horas me mentalicé en que actuaría
así, dejaría que se fuera solo. Luego me dije que tendría que actuar, y ese día
resolví mi sesión de búsqueda decidiendo que acudiría a un médico naturista,
cuyo contacto me facilitó Fernanda, la responsable de la guardería.
Sin embargo, en los días y meses siguientes, seguí buscando.
Tras mi búsqueda general en Google, pasé a buscar en sitios selectos, primero la
enciclopedia Medline Plus y la base de datos de revisiones sistemáticas Cochrane
Library. En Medline Plus la información sobre Giardia era limitada y muy a tono
con la que había recibido por parte de la pediatra, pero me chocó la
información que daba la enciclopedia sobre el antibiótico que se me había
propuesto como tratamiento, el metronidazol. El artículo empezaba con una Advertencia: “El metronidazol ha sido
relacionado con el desarrollo de cáncer en animales de laboratorio. Converse
con su doctor acerca de los riesgos y los beneficios de usar este medicamento
para tratar su condición.” No recuerdo mi reacción. ¿Estaba feliz de que
finalmente encontraba alguna confirmación a mis dudas? ¿Ofendida por lo poco
que se mantenían al día los protocolos médicos? ¿Preocupada? No recuerdo, ahora
lo veo con otros ojos.
Luego, busqué en la Cochrane Library. Publica principalmente
revisiones sistemáticas, es decir compendios de todos los estudios publicados
sobre un tema (una enfermedad, un tratamiento, un instrumento de diagnóstico…)
en los últimos años. No son compendios cualquiera, se emplean criterios de
inclusión y exclusión de los estudios muy rigurosos, se aplican procedimientos
estadísticos sofisticados para unificar los resultados de varios los estudios,
en fin… son herramientas informativas supuestamente muy fiables. Aunque es
necesario pagar por acceder a esas revisiones, los abstracts (los resúmenes) se pueden leer online, incluso en una
versión adaptada para el público normal. Busqué y encontré una revisión del año
2012 titulada “Drugs for treating giardiasis”. Las conclusiones principales de los autores
eran las siguientes: “Albendazole may be of similar effectiveness to
metronidazole, may have fewer side effects, and has the advantage of a simplified regimen.
Large, high quality trials, assessing clinical outcomes (such as diarrhoea)
will help assess further alternatives.” Es decir, aunque partidarios de
los antibióticos, recomendaban, tras la comparación de 19 estudios y 1817
participantes, el albendazol por encima del metronidazol.
Empezaba a tener las
ideas un poco más claras: quedaba descartado ese antibiótico que me habían
mandado. Esta impresión se reforzó cuando empecé a sacar artículos de
Google Scholar, el portal de Google que recupera solo y exclusivamente
literatura científica. Pero de esto
hablaré en otro post...
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