miércoles, 26 de abril de 2017

Encuentros y desencuentros en el parque

Las madres en los parques – y a veces los padres – solemos intercambiar noticias  con respecto a nuestras hijas e hijos. Es nuestro tema de conversación favorito.
Me muevo en un entorno relativamente tradicional, digo relativamente porque al parque al que suelo ir acuden madres jóvenes y bien dispuestas hacia un público cultural y étnicamente muy diverso. Sin embargo, en temas de salud estas madres comparten más bien un conjunto de ideas cuestionables solo hasta cierto punto, que incluyen, entre otras, que la sanidad privada es mucho mejor que la pública, que hay que seguir exactamente las instrucciones que dé el personal sanitario, que la comida biológica es una tomadura de pelo, que no pasa nada por tomar antibióticos o, a veces, incluso que, en caso de enfermedad o malestar del niño o niña,  el personal sanitario tiene que actuar de alguna manera, prescribiendo antibióticos, por ejemplo, o mandando un tratamiento “serio”. Este paquete de ideas no va totalmente conmigo. No lo juzgo ni lo comparto, pero lo respeto y manifiesto claramente mi desacuerdo con él, cuando siento que no estoy de acuerdo.
Desafortunadamente, manifestar mi desacuerdo a veces puede tener consecuencias desagradables, especialmente cuando se me juzga por actuar de manera diferente.
Por supuesto, cuando Marta estuvo varios meses en tratamiento por giardiasis, durante todos esos meses, estuve informando a mis compañeras de parque sobre la evolución del problema. Mis amigas sabían que no estaba tratando a Marta con antibióticos, según la recomendación médica, aunque yo me sentía en paz conmigo misma porque la niña estaba recibiendo un tratamiento, aunque fuera alternativo. Según iban pasando los meses y la parasitosis no se iba, las caras de las amigas del parque se ponían cada día más expresivas y las miradas cada vez más críticas, irónicas e incluso sarcásticas. Hasta que las expresiones empezaron a materializarse en palabras.
-          Hoy en día es impresionante la cantidad de información sobre salud que puedes encontrar en internet… - le contaba entusiasta a Leticia.
-          Ya… no se sabe si es para bien o para mal… – me contestaba ella.
Y otro día, cuando le comentaba que la información médica se había convertido en mi tema de investigación, comentaba con sarcasmo: - Ya… ¡Tenías que haber estudiado medicina tú!
Nunca estudiaría medicina, pero Leticia me veía como atrevida, soberbia quizás, engreída… No solo, mi sinceridad con respecto a la salud de Marta la autorizaba a opinar sobre algo muy personal, como las decisiones que una toma respecto a su propia salud y a la de sus hijas. Me dolía, sentía una invasión en mi esfera privada, aunque fui incapaz de decírselo. Me pregunto qué nos lleva a interferir, opinar o incluso juzgar las decisiones que otras personas toman en su propia vida.
Posiblemente Leticia no se permitiría tanta “soberbia” a si misma, pensé, aunque tiempo después de nuestros desencuentros, su marido me comentó que era precisamente ella la que le buscaba información médica para evitarle a él episodios de ansiedad delante del ordenador…
A pesar de cierta conciencia con respecto a las consecuencias, en aquellos meses sentía la necesidad de compartir nuestra historia. Haber optado por una terapia alternativa de alguna manera había iniciado una aventura, y estábamos alejándonos del camino conocido. No me bastaba compartir mi aventura con mis hijas, necesitaba compartirla con alguien que comprendiera mejor... Pero las madres del parque estaban dispuestas a compartir la historia solo a cambio de ejercer un juicio crítico.

Encontrar oposición entre mis “pares”, por así decirlo, incrementaba mis dudas. Pasados varios meses, con Marta que no acababa de recuperarse, acabé por darle su antibiótico. Con mi gran sorpresa, el antibiótico tampoco funcionó y la giardia seguía en su sitio.

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