miércoles, 19 de abril de 2017

Leyendo libros

 12. Leyendo libros
Como la lectura no ficcional es mi pasión – algo que he descubierto leyendo libros sobre crianza – una de los primeros pasos que di con la parasitosis de Marta fue buscarme unas buenas lecturas. Me fui a Amazon.com y busqué no recuerdo cómo. Mis expectativas eran que ahí encontraría documentación actualizada, accesible en formato digital, y más barata. Los primeros dos libros en formato Kindle que compré fueron: Say goodbye to parasites. A complete guide to a successful parasite cleanse, de Russell Fenn. Veo ahora que la reseña que escribí en Amazon en su momento ha sido borrada. Encontré que muchas partes de un texto de unas treinta páginas coincidían literalmente con varias páginas de internet, me pareció increíble el plagio y lo denuncié. He vuelto a poner una reseña en Goodreads para que esto se sepa.
También compré y leí “Parasite Symptoms, Cleanse & Diet: Best Parasite Cleanse For Worms In Humans” de Christine Gerbehy. La experiencia fue algo mejor, me llamó la atención la conexión entre los parásitos y otra problemática infecciosa, la cándida, pero la autora no era ninguna científica, sino una mujer que contaba su experiencia personal. Para eso, mejor un buen foro, pensé. Dinero tirado.
Finalmente encontré un texto más general, pero que conocía por haber leído una reseña positiva en una revista de salud: La digestión es la cuestión de Giulia Enders. La autora, una joven estudiante de medicina, presentaba los principales hallazgos de la investigación médica sobre el aparato digestivo. Éste sí, me parecía una lectura más seria. Me dio buena espina. Al principio pensé que era un poco un rollo empezar por el principio, la anatomía del intestino, las bacterias que lo pueblan, etc. pero con el tiempo fui apreciando la lectura. La autora tiene mucho sentido del humor.
Durante los días que me duró el libro – que no fueron muchos – me empapé de todo el contenido que presentaba la autora, siempre fundamentado en numerosos estudios escrupulosamente documentados. Por ejemplo, sobre el tema de los lácteos y la dificultad de nuestro sistema digestivo para procesarlos. Al final, dice Giulia, ningún mamífero adulto toma lácteos, reiterando la teoría de quienes recomiendan evitarlos. “Entonces”, me decía a mí misma, “me tengo que mentalizar, no son naturales… deberíamos eliminarlos de la dieta…”
En un par de pasajes del libro encontré dos menciones a España. Decía la autora: “Germany, where I live, is not a region that contains many pathogens which cause diarrhoea. We may pick up a gastrointestinal flu bug every now and then, but our environment teems with far fewer dangerous microbes than in India or Spain, for example”. Y más adelante: “In countries like India or Spain, for example, there is almost no regulation of the amount of antibiotics given to animals.” Es decir, desde el punto de vista de bacterias patógenas y reglamentación de antibióticos en el criado de animales, España, para la autora del libro, la doctora Giulia Enders, era un país comparable a la India, pero no con Alemania. Me acordé de un colega muy famoso en mi área de investigación. Un día me comentó que nunca había estado en playas que no fueran las europeas (normalmente en España). Había viajado años por el mundo entero haciendo el mismo recorrido en cada sitio: aeropuerto – hotel – sala del congreso – hotel – aeropuerto. Me pareció un ejemplo evidente de qué alejada estaba la ciencia de la realidad, de las personas. Giulia Enders, super-experta en aparato digestivo, joven revelación de la medicina moderna, desconocía nociones elementares de geografía europea – y algunas de diplomacia básica. Y lo peor es que nadie le había corregido estos errores… Pensé que podía haber más, y no solo de geografía.
Finalizado el libro, podía verlo en perspectiva. La lectura me había resultado interesante, a pesar de que la parte dedicada a los parásitos – el tema que a mí me interesaba más - era muy limitada. Lo que más me había llamado la atención era por un lado el contexto, que me había resultado algo aburrido al principio, y dos teorías. Por un lado, una teoría acerca del Helicobacter Pylori según la cual, si esta bacteria lleva miles de años con el ser humano, tiene que tener una función importante para la supervivencia de la especie. Por otro, la teoría de la toxoplasmosis y la capacidad de los parásitos que la producen de controlar nuestro comportamiento. ¡Me parecía alucinante!
¿Por qué me quedaba con estas dos teorías y el contexto? Hummm… La teoría del Helicobacter me atraía porque tenía sentido para mí. En esa época estaba convencida de que Marta seguía estando parasitada porque se volvía a contagiar, me parecía casi imposible poderse desprender de ciertos bichitos sencillamente porque es muy fácil contagiarse… con lo cual, tenía sentido de que, como especie, nos hubiéramos adaptado a convivir con algunos de ellos, incluido el Helicobacter, sencillamente por la imposibilidad de desprenderse de ellos. La teoría de la toxoplasmosis, por otro lado, me gustaba por el asombro que me generaba, por ser algo absolutamente nuevo para mí, que un minúsculo protozoo pudiera controlar a un ser humano. Y finalmente, lo de haber aprendido algo sobre el aparato digestivo me permitía comprender mejor la literatura científica que estaba leyendo, me aportaba significado.
Me quedaba con estas dos teorías y con el contexto, el del intestino feliz, como lo han traducido en muchos idiomas, nada que poner en práctica o ningún remedio para mejorar el estado de salud de mi niña. Pero eso sí, estaba cada vez más tranquila. 

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